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Cómo disfrutar al máximo la Cidade da Cultura de Santiago con niños... o sin ellos

21/08/2018

Desde el año 2011, en el que se inauguraron los dos primeros edificios del complejo, la Cidade da Cultura  en Santiago de Compostela define la nueva silueta arquitectónica de Santiago dominando el horizonte desde la cumbre del monte Gaiás. El faraónico proyecto, firmado por el arquitecto estadounidense Peter Eisenman, se ha ido redifiniendo en estos últimos años y se erige hoy en día como un espacio arquitectónico singular y una gran zona verde y de ocio en la que poder admirar una exposición, asistir a un espectáculo o simplemente pasear. Las familias disponen de varios espacios de recreo como parques infantiles, lagos y sendas peatonales. Te contamos cuáles son para que le saques a tu visita el máximo partido.

Bosque de Galicia

En los últimos años se ha repoblado la ladera del monte Gaiás con especies autóctonas como robles y castaños para convertirlo en el gran pulmón de Compostela con 34 hectáreas de zona verde y cinco kilómetros de sendas peatonales salpicadas de bancos desde los que disfrutar de la silueta de la ciudad y espectaculares atardeceres-

Parques infantiles

El complejo de la Cidade da Cultura cuenta con dos zonas de juegos. Una de ellas podemos encontrarla al lado de las Torres Hedjuk. Es la más veterana y está sobre todo orientada a los trepadores pues cuenta con un pequeño rocódromo. La otra tiene su espacio propio entre el Bosque de Galicia y los edificios de la Cidade da Cultura y constituye sin duda el gran reclamo infantil del Gaiás. Inspirado en el mundo marino del pintor coruñés Urbano Lugrís, el parque está dominado por un  tobogán gigante de color naranja cuya estructura imita la cola de una ballena. De ahí que sea conocido como Parque da Balea.

Lagos

También encontramos dos en la Cidade da Cultura.  Encontramos un pequeño lago frente al Museo, ocupando una hondonada abierta en su día para asentar los cimientos de uno de los edificios del proyecto inicial que no llegó a construírse. Entre plantas, flores y árboles se suceden bancos y senderos a su alrededor. El segundo pertenece al Parque do Lago, una zona verde situada del otro lado de la carretera que acoge un amplio merendero, una red de caminos y un estanque al que podemos mirar desde los bancos situados sobre una plataforma de madera.

Otros espacios

Aunque no es muy ortodoxo y sí un tanto peligroso, sabemos que el atractivo número uno de la Cidade da Cultura para el público menudo es subirse a sus cubiertas onduladas, así que os contamos que en donde vemos hacer la vista gorda ante los escaladores es en la plaza central.

Hacerse una foto con la bola de libros que encontraremos ante la Sala Einsenman es otro imprescindible. De hecho, fue su éxito entre los visitantes el que llevó a que esta intervención artística de Alicia Martín se ganase el derecho a formar parte del paisaje  permanente de la Cidade da Cultura pues fue instalada con carácter temporal.

El Jardín Literario, que rodea el lago frente al Museo, integra una pequeña plaza con placas que, haciendo un círculo, recuerdan a trece escritores gallegos y algunas de sus obras, desde el  trobador medieval Airas Nunes hasta Rosalía, Curros, Pondal…

Y, sin duda, a los niños les llamará la atención el interior de las Torres Hedjuk –hay que mirar hacia arriba- y sobre todo que, cuando llega la noche, se ilumina y los colores van cambiando.

Variada programación familiar

La Cidade da Cultura presenta durante todo el año una variada programación familiar con citas fijas como Nexos –ciclos de cultura contemporánea que combinan actividades para adultos con talleres infantiles-, Cidade Imaxinaria –la gran tarde para los niños con música, circo y juegos al aire libre-, Noites astronómicas –talleres de observación de las estrellas con expertos de la Universidade de Santiago- o Unha noite no bosque –noche de acampada en el Bosque de Galicia con diversas actividades-

También programa iniciativas ligadas a épocas señaladas o vacaciones como Navidad o Carnaval. Y, por último, acoge un montón de espectáculos de teatro, títeres, conciertos, así como talleres de lo más variopinto (literarios, papiroflexia, cine) y actividades vinculadas a sus muestras expositivas. Además, lo mejor de todo es que suelen ser gratis.

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